
Soy consciente de mi ausencia en el blog y.. bueno, también soy consciente de que la razón tiene que ver con que no he querido afrontar lo que siento o lo que cruza mi mente; me he estado escondiendo en lecturas de los sentimientos de otras personas, en escuchar los pensamientos de algunas bandas, en ver y leer entre líneas lo que algún cineasta tiene por decir.
Pero sé que mis escupitajos mentales son una bomba de tiempo y creo que el cronómetro ha llegado a ceros. Esto que posteo no es tan reciente como quisiera y no toca los tópicos que me tienen ausente, pero es algo así como un homenaje a algunos personajes que quiero. Disfruta.
----------------------------------------
Por más que prometí hacer un espacio para hablar de una de mis bandas consentidas, el drama que este semestre ha traído consigo no me había permitido hacerlo. Espera, para empezar requiero comprometerme un poco con algo que emana de mis labios (bueno, dedos). No es sólo una de mis bandas consentidas, no es sólo uno de mis pilares, no fue sólo mi respaldo al ir creciendo; no es sólo Blink 182, es mi banda favorita.
El parte aguas para mi desarrollo musical (que sigue en pie), mi crecimiento filosófico (aunque sus canciones hablen de chaquetas y popó) y mi adolecer. Probablemente es demasiada carga para una banda, ser parte de la vida del consumidor con el ticket 0001234. Pero nunca fueron mi modelo a seguir, ni eran mis deidades, tampoco pensaba que los pedos de Mark eran algo sagrado, ni veía los tatuajes de Travis como arte contemporáneo. Hasta eso que no. Sí tuve mi etapa ‘acosadora’ en que buscaba información de sus vidas personales y demás, pero ¡hey!, todos lo hemos hecho alguna vez, ¿no?... ¿No?
Como sea. Irónicamente a las actitudes que se apoderaron de mí una vez que llegaron a ser mainstream, los conocí a través de MTV. Estaba iniciando la secundaria, la pubertad, una nueva etapa familiar, había muchos cambios. Y “Enema of the State” estuvo ahí para apaciguarlos.
No que sea algo que me enorgullezca pero, con este grupo aprendí todo el vocabulario soez que poseo (en Inglés y en Español… bueno las que me faltaban en Español). En mis clases de Inglés espantaba a los maestros con mis preguntas como: “¿Qué significa ‘blow job’?”. Recuerdo que a mis “amigas” les desagradaba que escuchara esa música: “era muy ruidosa”; mi hermana les decía a mis papás que tenían letras muy groseras, y mi hermano me solapaba diciéndoles: “Está bien, déjenla que conozca más. Preferible esto a que se haga una militante Spears”.
Eran pocos los que los conocían y eso me gustaba. Me hacía sentir única, así que indagué y escuché más de su música. Cada cumpleaños/navidad (que es la misma pendejada para mí) o intercambio, pedía discos de Blink 182. Aunque ya los hubiera oído, quería la colección. Cabe mencionar que tanto Buddha, Cheshire Cat y Dude Ranch eran importados y rarísimos de hallar.
Y así, cada problema, cada situación tenía como soundtrack alguna canción de batería rápida, guitarra distorsionada y la voz gallienta de Tom o de Mark –que fue la primera con la que me entoné al cantar-. Me encantaba que me miraran feo por escucharlos, me sentía rudísima cantando “Family reunion”. Luego, como ya te había platicado, conocí a mi Master Yoda en las clases de Inglés y me ayudó a encontrar sonidos similares.
Fue por Blink 182 que me hice de un grupo de amigos más pensantes… o revolucionarios por lo menos. Estaba en primero de secundaria y discutíamos en el receso los VMA’s de la noche anterior donde se habían presentado Eminem, Blink 182 y creo que Britney. Yo mencioné que Tom no se había entonado nadita al cantar, lo decía sólo hacía mis “amigas” y un "alguien" discutía con su amigo –que estaba con un ojo al gato y otro al garabato- cuando el último dijo: “¿ya oíste, Gama? Está criticando a Blink”. Comenzamos a discutir, concluyendo en la alegría de que éramos los únicos de esa bola de seis personas que no se preguntaban con cara idiota: ¿quién es Blink?
A la par conocí a otro chavo que se hizo de mis mejores amigos en secundaria, él oía a Limp Bizkit y mezclamos intereses sonoros. Luego se nos unió el buen Pereza para completar el grupo blinketo. Un año más tarde, un güero cabezón al que le decían Tito tocó en un festival y vi que su guitarra tenía una calcomanía de Blink 182 y otra de Green Day. “¡Guao! Otro alien que sabe de música”, pensé. Terminó de tocar, hablamos, nos prestamos discos y fuimos mejores amigos de ahí hasta… ¿ahora? No, ya no, ja.
En ese último año de secundaria Blink 182 empezó a salir del anonimato con “Take off your pants and jacket”, hasta mi noviecillo de ese entonces compró el disco con tal de saber cuál era el punto de mi locura por ellos. Pero, sabes, no era tanto sobre la adrenalina de saltar al ritmo de las rolas, no era tanta la identificación que sentía con las letras, era más la identificación con ellos. Al verlos en “The Urethra Chronicles” era como ver a mis amigos menseando. Tal vez es estúpido, pero es real.
Escuchar las tonterías que tipos veinteañeros tenían por decir era divertido. Era la banda sonora perfecta para ir a patinar, para jugar en el play, para echarnos nuestras “cheves” a escondidas, para hacer ‘jackass’, para reír y para consolarnos de los primeros corazones rotos… sí, otra vez la pendeja analogía del corazón.
Al entrar a preparatoria ya éramos más: Pereza, Kike, Tito, Gama, Lupito y yo. Mis mejores compis de preparatoria. ¡Ah! Pero es que no te conté, Tito y Gama no se hablaban hasta que los presenté y de ahí su primera banda: Patán. Así que el andar de allá para acá en los primeros toquines, el ser la bolita de mensos que adoran a DeLonge porque no le importa ser un perfecto tonto, ésa era nuestra especialidad.
En enero de 2004 al navegar por Internet, tras haber visto que Blink 182 estaba por dar su enésimo tour por el globo sin pisar México, empecé a ver algunas páginas que tenían el rumor de: “Blink 182 viene a México”. Acababan de sacar su disco homónimo, que terminó por sacarlos del anonimato, así que me permití ilusionarme. Días después la noticia se confirmó. Fue un sábado 6 de marzo cuando compramos los boletos para el 23 de abril en el Palacio de los Deportes. Ahí estuvimos: Tito, Gama y yo. En lo que fue, el mejor concierto de mi vida.
Lo chistoso es que físicamente sí llegaron a ser nuestros modelos a seguir (sí, también para mí aunque fuera niña, les recuerdo que en prepa me valía madres y yo quería ser punk): pantalones caídos, con cinto de estoperoles, playeras Hurley con alguna de manga larga por debajo, Converse, Adio o Adidas; perforaciones en el labio, cabello de colores, uñas negras, patrones de cuadros negros y blancos…
Poco a poco cada uno fue tomando su estilo (de vida y de vestir). Y al día de hoy un casi diseñador, un casi arquitecto, un mercadólogo, un contador y dos casi comunicólogos siguen reuniéndose –mínimo- cada cumpleaños para escuchar Blink 182 y recordar la vieja escuela.
“Because I know the things that are important to me. Because life is too short to belong.” – Zulu (Blink 182)